viernes, 3 de octubre de 2008

La invasión de Bahias Cochinos


Con la elección de Kennedy en noviembre de 1960, y la culminación de las nacionalizaciones, la invasión de EEUU era inminente. Esa perspectiva provocaría una movilización general de la población cubana.
La CIA, subestimando claramente las grandes reservas de apoyo que tenía la revolución, confiaba en que una invasión animaría a una movilización interna que derrocaría a Fidel. Según su cálculo, la contrarrevolución contaba con 2.500 militantes activos en el ejército, 20.000 partidarios en las ciudades y, tras ellos, una cuarta parte de la población cubana.
A pesar de todo, había voces en EEUU en contra de la invasión, por los peligros que entrañaba una implicación directa (se sabe cuando se empieza pero no cuándo acaba) y los efectos políticos que eso podía tener tanto en Cuba como en el resto de América Latina.
La invasión empezó a las primeras horas de la mañana del 15 de abril de 1961 con el vuelo de bombarderos americanos pintados con la bandera cubana para que pareciese una cosa interna. Pero pronto se demostró que los aviones eran realmente americanos y Kennedy, por el temor a las implicaciones que eso podía tener, suspendió el apoyo aéreo a la invasión. Según los peritos del gobierno cubano, las 1.500 personas que componían la brigada entrenada para la invasión, habían tenido en Cuba antes de la revolución 400.000 hectáreas de tierra, 10.000 casas, 70 fábricas, cinco minas, dos bancos y diez molinos de azúcar
El Ejército Rebelde era un instrumento insuficiente para soportar las presiones a las que estaba siendo sometida la Revolución Cubana. En medio de un creciente clima de hostilidad por parte de EEUU Fidel tuvo que basarse en la creación de milicias, que llegarían a integrar a 200.000 cubanos, hombres y mujeres.
La invasión fue un fracaso completo y acabó por cimentar el poder y el apoyo popular de los dirigentes guerrilleros y poner el RIP definitivo al capitalismo en la Isla. Sintiendo que las conquistas de la revolución estaban en peligro por la invasión imperialista, se produjo una auténtica movilización popular para frenarla. Hubo una dura competencia entre las distintas milicias revolucionarias para ganarse el honor de ser los primeros en aplastar a la reacción. El pueblo, los 200.000 milicianos armados, comprendían muy bien que la victoria de los invasores significaría el fin: la vuelta de la servidumbre al terrateniente, al hambre, a una vida prácticamente animal, al asesinato y a las torturas de los esbirros de los poderosos.
El Primero de Mayo de 1961 el carácter socialista de la Revolución Cubana es anunciado de forma masiva.

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